En los últimos años
se ha hecho un esfuerzo importante por establecer una práctica
de colaboración y reconocimiento mutuo entre las diversas comunidades
universitarias. Distintas declaraciones han contribuido a este objetivo
poniendo las bases para la articulación de los sistemas de
educación superior en un espacio común o iniciando el
camino para la homologación y el reconocimiento mutuo de las
diversas realidades docentes, discentes e investigadoras. Cada una
de estas declaraciones ha aportado un mayor impulso al proceso, ha
incorporado nuevos elementos y ha supuesto una mayor clarificación
y concreción de los objetivos.
En 1998 la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior
convocada por la UNESCO asumió que la cooperación y
el intercambio internacionales son mecanismos decisivos para promover
la educación superior en todo el mundo, y proclamó un
conjunto de principios y acciones para fomentar la educación
superior como bien público. También en 1998 la declaración
de La Sorbona sentó las bases para la creación de un
Espacio Europeo de Educación Superior. Un año más
tarde, la declaración de Bolonia estableció los principios
y compromisos para orientar este caminar conjunto de las universidades
europeas. Estos compromisos, ratificados posteriormente en Praga (2001)
y Berlín (2003), han servido para dar concreción a la
Europa de las Universidades y representan, sin ninguna duda, una de
las piedras angulares sobre las que ha de asentarse la construcción
de la identidad europea.
Iberoamérica existe también como ámbito común
con una identidad propia forjada a través de un proceso histórico,
cultural y social, repleto de luces y sombras pero lleno de posibilidades
abiertas al futuro. La construcción de un espacio común
de educación superior en este ámbito constituye, por
encima de todo, un bien social que se sustenta sobre valores compartidos
y se nutre de ellos, y que reconoce la importancia de la educación
y del progreso científico y tecnológico en el desarrollo
integral, equitativo y justo de nuestras sociedades. La educación
superior no es una mercancía sino un bien público que
contribuye a mejorar la equidad y la calidad de vida de los ciudadanos,
y la existencia previa de una identidad iberoamericana debe servir
como acicate para reforzar la cooperación entre las instituciones
de educación superior europeas y latinoamericanas para lograr
este fin.
En junio de 1999, la Declaración de Río de Janeiro impulsó,
en sus artículos 54, 61 y 63, la creación de un espacio
común de enseñanza superior de la Unión Europea,
América Latina y el Caribe (UEALC), que comenzó a proyectarse
en la Conferencia de Ministros de Educación celebrada en París
en noviembre de 2000. El Comité de Seguimiento de esta Conferencia
elaboró el Plan de Acción 2002-2004 para la construcción
de dicho espacio común, que fue aprobado en la Cumbre de Jefes
de Estado y de Gobierno de Madrid en mayo de 2002.
La construcción de un espacio común de educación
superior UEALC, así como los objetivos contemplados en el Plan
de Acción 2002-2004 y en la Declaración de Lima sobre
Cooperación Universitaria Iberoamericana de 2001, y los principios
que han inspirado la creación del Consejo Universitario Iberoamericano
(CUIB), siguen siendo válidos para el futuro. El fomento de
la movilidad, el conocimiento recíproco de los sistemas de
evaluación nacionales y la búsqueda de la calidad son
todavía objetivos cubiertos con desigual éxito y profundidad.
La mejora de los programas destinados a potenciar la movilidad o el
desarrollo de criterios homólogos para la evaluación
de la calidad son, sin duda, necesidades prioritarias.
Las universidades no pueden limitarse a esperar la acción de
las instituciones políticas para intensificar la cooperación
mutua en el ámbito iberoamericano; por el contrario, han de
ser las auténticas dinamizadoras del proceso. Por ello, nosotros,
rectores y responsables de relaciones internacionales de universidades
de países iberoamericanos y representantes de asociaciones
universitarias, reunidos en Santiago de Compostela y Lugo los días
19, 20 y 21 de febrero de 2004 bajo el auspicio de la Universidad
de Santiago de Compostela, queremos invitar a todos los sectores implicados
en la educación superior, en especial a los poderes públicos,
a potenciar la puesta en marcha, desarrollo y financiación
de programas que sustenten este Espacio Común de Educación
Superior UEALC, que requiere la progresiva concreción de objetivos
relativos a la docencia, la investigación y el compromiso social
de nuestros centros de educación superior.
En consecuencia, con el fin de contribuir a la construcción
del Espacio Común de Educación Superior Unión
Europea-América Latina-Caribe a través de la cooperación
iberoamericana, nos comprometemos a:
1. Impulsar acciones de mejora de la calidad y tender hacia modelos
homologables de evaluación de la calidad y de acreditación.
2. Incorporar un modelo de créditos académicos que posibilite
la convalidación y el reconocimiento de estudios y, apreciando
el valor de la diversidad, avanzar en la compatibilidad de los sistemas
universitarios.
3. Intensificar los programas específicos de movilidad de profesores,
estudiantes y personal administrativo, aprovechando el valor añadido
que suponen nuestras lenguas comunes, instar a la eliminación
de las trabas burocráticas que dificultan la entrada y permanencia
en los distintos países a los participantes en dichos programas,
e impulsar una política de financiación y becas que
los haga efectivos para todos.
4. Reducir la brecha digital que obstaculiza el acceso a las ventajas
y oportunidades de una auténtica Sociedad del Conocimiento.
5. Promover el uso de las tecnologías de la información
y las comunicaciones como una vía de intercambio académico
y de "movilidad virtual", convirtiéndolas, al mismo
tiempo, en un instrumento que permita mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje
y crear nuevas oportunidades de formación, en especial para
los sectores más desfavorecidos.
6. Promover la creación de alianzas o consorcios que faciliten
la disponibilidad y el acceso a fondos bibliográficos digitales
y bases de datos, e impulsar una cultura de solidaridad en la difusión
de materiales y resultados de docencia e investigación.
7. Propiciar medidas que favorezcan la creación de redes de
cooperación entre universidades iberoamericanas.
8. Poner en marcha programas destinados a la formación superior
en áreas específicamente relacionadas con el desarrollo
de países emergentes y colaborar en general en la formación
de doctores.
9. Promover la transferencia del conocimiento y de los resultados
de la investigación a la sociedad, así como el desarrollo
y la innovación, fomentando la cultura emprendedora en las
universidades, el apoyo a emprendedores y la creación de empresas.
10. Apoyar las políticas de solidaridad y de compromiso social
de las universidades con su entorno, asumiendo como línea de
pensamiento y actuación afianzar en ellas el desarrollo sostenible,
el voluntariado, la solidaridad y el apoyo a las personas con necesidades
especiales.
11. Educar en los valores de la persona, la democracia, el conocimiento
y el respeto mutuo entre los pueblos, como vías para mejorar
nuestros sistemas políticos y sociales y lograr el desarrollo
integral de nuestras sociedades.
12. Presentar estas iniciativas ante los organismos competentes, en
particular ante la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno,
así como apoyar la consecución de los objetivos establecidos
en esta Declaración de Compostela y el seguimiento de las acciones
que se realicen a tal fin y de los resultados que de ellas se deriven.
Somos conscientes de las dificultades de articulación y concreción
de estos objetivos, pero estamos seguros de que con el esfuerzo común
alcanzaremos progresivamente mayores cotas de calidad en los ámbitos
de la formación y de la investigación, que contribuirán
al desarrollo armónico y sostenible de nuestras sociedades. |